miércoles, 8 de junio de 2016

Descubre Madagascar (2ª parte)

Desde aquí, nuestro rumbo cambió completamente, para dirigirnos al Oeste de la isla de Madagascar, una etapa larga en la que vivimos uno de los momentos más divertidos del viaje,  en Miandrivazo, donde tuvimos que realizar una compra en un mercado local, que formaría parte de nuestro almuerzo para ese día. Actividad altamente recomendable y momento fantástico para poder interactuar y “socializar” con la gente local, con su moneda, con su idioma y con sus caras de asombro, al vernos degustar sus típicos y tradicionales productos...

Después de estos momentos tan especiales, nuestra siguiente parada fue Morondava, en la costa oeste Malgache. No podíamos estar en una isla  y no respirar el olor a mar y contemplar el infinito Océano Índico.

Por esto, el canal de Mozambique, nos recibía, con una bonita playa de arena fina y blanca, aguas agitadas y típicas embarcaciones tradicionales de vela pescando al amanecer, su gente esperando en la playa esas redes repletas de pescado…un corto paseo nos permitió llevarnos las mejores imágenes de la mañana, caras sonrientes, niños jugando en la arena, saludos y un buenos días con cada uno de ellos, esos momentos en los que deseas además de decir “salama” ( hola, en malgache), el poder comunicarte mejor y exprimir al máximo esos momentos únicos y diferentes…aquellos en los que piensas que viajar es un auténtico lujo, un placer y privilegio que tenemos algunos en esta vida.

Teníamos que seguir la aventura y realmente nos esperaban momentos muy divertidos  en nuestros vehículos 4x4, pistas largas y polvorientas de terreno complicado y en muy mal estado, embarradas en muchos tramos, cruce de ríos y balsas de agua, el final de la época de lluvias hace que sólo los mejores conductores sean capaces de avanzar por ese terreno, momentos que nos recordaban al Africa más profundo, a ese Africa que emociona y engancha, aquel que nos hace volver siempre que hay oportunidad, porque Africa es simplemente diferente…sólo hay que olvidarse del tiempo y dejarse llevar por cada situación para vivirlo intensamente.

Paisajes cambiantes, una sorprendente y particular sabana en la que sólo faltaban  jirafas, leones y elefantes para pensar que estábamos en el continente, comenzábamos ya a atisbar los bellos y exóticos baobabs, zonas de vegetación exuberante y así, se sucedía todo hasta llegar a  los Tsingy de Bemaraha, formaciones kársticas declaradas Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.


Estas formaciones calizas, las podemos encontrar en otros lugares, pero aquí en Madagascar se convierten en únicas, por sus altas y finas agujas, por su extensión, por la mezcla de magia y sorpresa que encierra el lugar. Su nombre, Tsingy, proviene del Malgache y quiere decir “caminar de puntillas” y en efecto es como hemos de caminar para descubrir lo que debajo encierra este paisaje en apariencia hostil, pero donde se suceden frondosos bosques húmedos endémicos, bellos jardines naturales, cuevas, pasadizos, auténticos laberintos algunos estrechos, donde se requiere estar en forma, ser ágil y no tener miedo a las alturas, aunque el arnés nos ayuda en cada paso, debemos extremar el cuidado y la atención para disfrutar de este bosque de piedra que seguro se convierte en una de las experiencias inolvidables del viaje.

Y cómo no vamos a detenernos en la puesta de sol impresionante que tuvimos  en la avenida de los Baobabs, un absoluto privilegio acercarnos a estos árboles milenarios y espectaculares, siete de las nueve especies que existen en el mundo, están aquí, en tierra Malgache, un espectáculo de color y de luz para cerrar un día de lo más intenso.


Otra de esas imágenes que quedan en el corazón, de las que llevas contigo siempre y te generan una leve sonrisa al recordarlas…un lugar mágico, un escenario emocionante y exclusivo, donde la mayoría de las fotografías no reflejan lo que allí se contempla. 
Silvia
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