Viaje a Namibia: Los Elefantes del Desierto

Desayunamos temprano disfrutando casi del amanecer y nos ponemos en marcha en vehículos 4x4, hacía el valle donde se encuentra Twyfelfontein. 


Caminamos por un sendero fácil, rodeado de terraplenes y paisajes formados por peculiares rocas basálticas, hasta donde se encuentra una de las mayores concentraciones de grabados rupestres de África que datan de hace más de 3000 años. La zona es un museo al aire libre con miles de grabados y pinturas, muchos de ellos perfectamente conservados, representando entre otras cosas escenas de caza de los antiguos bosquimanos,  con avestruces, jirafas, elefantes…..También mapas e indicaciones que parece se dejaban unos a otros como información. En el año 2007, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Terminado el interesante y cultural recorrido, nos vamos en busca de los “elefantes del desierto”, una especie única en el mundo, adaptada a esta zona seca por la falta de agua. Su tamaño es mayor que el de los elefantes de otras áreas africanas, también sus patas, ya que el tipo de terreno por el que caminan es más pedregoso. 


Se cree que quedan unos 300 en el país según fuentes oficiales, aunque otras fuentes apuntan a que quedan menos de 200. 
Estudiados por científicos desde hace años por su peculiaridad,  parece que son capaces de mantenerse en condiciones extremas y trasladarse por las secas llanuras durante tres o cuatro días, sin beber una gota de agua. 
En la época de lluvias se desplazan hacia el parque nacional de Etosha.
Teníamos confianza en encontrarlos y eso fue lo que ocurrió, aunque sin duda la pericia de nuestro conductor fue fundamental para conseguirlo, un grupo numeroso caminaba entre los árboles y venía hacia nosotros, ofreciéndonos un espectáculo único. Durante largo rato los observamos expectantes, a veces tan de cerca que podíamos apreciar su piel polvorienta y arrugada, siguiendo cada uno de  sus lentos y pesados movimientos, mientras los más pequeños caminan y se refugian en sus madres. 

Después de nuestro objetivo conseguido, seguimos hasta nuestro magnífico alojamiento, Wilderness Safaris Damaraland Camp, donde nos espera otra musical bienvenida. Por la tarde, después de un merecido baño en la piscina y un buen almuerzo, disfrutamos de una bonita puesta de sol con un paisaje espectacular mientras saboreamos un exquisito gym tonic. Pero la noche nos depara más  gratas sorpresas, una estupenda barbacoa en una típica boma y relatos misteriosos que hacen inquietante la ida a dormir. Es tarde y hay que descansar porque mañana tenemos de nuevo una larga jornada por delante. 

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