martes, 25 de noviembre de 2014

Viaje a Omán. El secreto de Arabia.

Son las tres y media de la mañana cuando aterrizo en el aeropuerto de Muscat, comienzo mi viaje a Omán, tras haber hecho escalas en Estambul y Baharein. La temperatura es de 29 grados.
La terminal no es muy grande, nada que ver con las infraestructuras de sus vecinos Qatar, Dubai o Abu Dabi.  

Tras unos trámites de obtención de visado, aduanas y demás, rápidos y eficaces me dirijo al hotel. La primera impresión la recibes de unas grandes autopistas desiertas a estas horas que te conducen a la capital, Muscat. Solo me puedo permitir unas pocas horas de sueño antes de comenzar lo que será un corto periplo por este país

Omán es un país de nombre evocador, un nombre que asocias a los cuentos de las Mil y una noches y de Simbad el Marino.


Desde el siglo III, este país situado en el este de la península arábiga, se ha mantenido en la historia del mundo. Su situación privilegiado en las rutas por mar entre la costa este de África y Zanzíbar e India y su conocimiento de cómo viajar aprovechando los vientos monzónicos para alcanzar las costas de este último país, dieron un importante papel a los navegantes omaníes. 

Su geografía se reparte entre la cadena montañosa al norte, cuya cima es el Djebel Shams de tres mil metros de altura, 1600 km de costa y las llanuras limítrofes, el Dhofar ( la tierra del incienso) al sur del país y las arenas de los desiertos Wahiba y Rub al-Jali.

Mi interés por este país se basa en la idea de que, pese a un desarrollo basado en el gas y petróleo, aún conserva una vida sencilla fuera de la capital y mantiene el sabor de sus mercados y zocos.

Diez días de viaje me han permitido adentrarme en Omán y conocer las montañas Al Hajar, donde se encuentra el Djebel Shams, máxima altura del país; recorrer bellos Wadis (ríos que bajan de las montañas y que permiten divertidas excursiones remontándolos a través de piscinas naturales, oasis y caos rocosos) como el Bani, Bani Khaled y Shaab . También he encontrado interesantes mercados locales llenos de vida como el de Sinaw, próximo a las arenas del desierto Wahiba, el cual atravesé hasta llegar a las inmensas playas del Indico.

He podido visitar  las ciudades de Nizwa, antigua capital de Omán durante los siglos VI y VII y la de Sur, bañada por el indico, y donde aún se mantienen los astilleros donde se construyen los dhows. Y por supuesto, la capital Muscat, inmensa y destartalada pero que aún conserva una parte antigua donde callejear.

Un país recomendable de visitar por que nos aporta una visión diferente de los países del Golfo y ofrece una amplia gama de paisajes y ecosistemas, bellas ciudades y gentes amables y de vida sencilla. 

JAM