miércoles, 16 de febrero de 2011

Ugarit, en la cuna de nuestro alfabeto.


Despues de un día de fuerte lluvia, el Mediterráneo vuelve a su azul habitual, estoy en el levante sirio, cerca de la moderna ciudad de Lataquia, el lugar se llama Ugarit. No es bonito, no se levantan columnatas, no son ruinas espectaculares. Su belleza está en lo que representa, en lo que allí se desarrolló hace 4000 años, en su historia y en lo que aportó a la civilización
Tras pagar las 150 libras de rigor, accedí al recinto, delante de mí se extienden los restos de una ciudad que llegó a tener, incluida su área urbana, hasta 36 hectáreas. Actualmente, para visitar, lo único remarcable es la estructura de lo que fue el palacio real que tuvo 90 habitaciones y dos bibliotecas. Fue en 1928 cuando un campesino descubrió una necrópolis que indicaba el lugar exacto de la ubicación de una ciudad, de la que solo se tenían referencias históricas, que era buscada desde tiempo inmemorial. Los inicios de esta civilización se remontan a la época Neolítica (7000-6000 a.C.) desarrollándose hasta el 1200 a. C.

Las investigaciones más importantes las efectuó el arqueólogo francés Claude F. A. Schaeffer en el edificio que pudo ser identificado como el Palacio Real durante buena parte del período de esplendor de la ciudad. Fue en una de las prolíficas bibliotecas, donde se encontraron en tablillas de arcilla, textos diplomáticos, religiosos, políticos, científicos, administrativos y literarios, escritos principalmente en alfabeto cuneiforme, fueron hallados no sólo en idioma local, sino también en los idiomas del Cercano Oriente de la época: acadio, sumerio, hurrita, chipriota, luvita y egipcio -estos dos últimos en escritura jeroglífica- lo cual demuestra la estratégica posición de la ciudad, como nudo de comunicaciones entre Asia Menor y Mesopotamia. Esto es, sin duda, el mayor tesoro encontrado y lo que le da valor a estas ruinas.
La ciudad sufrió saqueos y un gran incendio acabó con ella, pero fue precisamente ese fuego destructor el que sirvió para salvar las tablillas depositadas en la biblioteca, las altas temperaturas producidas por las llamas endurecieron la arcilla y las preservaron hasta nuestros días. Una pequeña pieza de arcilla, expuesta en el Museo Nacional en Damasco, era la clave, en ella se encuentra el alfabeto ugarítico, con 30 caracteres. Éste, presentaba una mayor oralidad que los jeroglíficos egipcios o la escritura cuneiforme y esto permitió que lo comenzaran a utilizar comerciantes y gentes de la cultura más allá de los escribas y condujo a una mayor popularidad y éxito tanto local como internacional. Fue toda una revolución, y fenicios griegos y arameos contribuyeron a su expansión, llegando hasta nuestros días.
El frio es intenso, propio de esta época del año, el mar de color azul intenso, y noventa siglos de historia a mis pies, esto es Siria. Mi siguiente destino será Alepo.
JAM