domingo, 19 de diciembre de 2010

¿DE VERDAD AYUDA LA AYUDA HUMANITARIA?


Después de muchos años viajando he tenido la oportunidad de conocer y charlar con gente dedicada a la ayuda humanitaria, bien misioneros o bien cooperantes. Siempre me resultó interesante contrastar sus opiniones y saber como veían el lugar en el que estaban desarrollando su actividad. He encontrado gente admirable realizando labores impresionantes en el centro (foco) de los problemas, en lugares conflictivos (Ruanda, Congo, Tanzania, la Casamance senegalesa…) y otros situados en despachos alejados de esos lugares a los que pretendían ayudar.
En teoría, la ayuda humanitaria en sí misma me parece loable, en la práctica no tanto, el primer mundo alivia su mala conciencia enviando dinero a través de organismos que invierten en proyectos en el tercer mundo, pero casi todos conocemos casos donde estos proyecto son o han sido absolutamente absurdos, creando más problemas que soluciones.
Varios casos flagrantes los he conocido narrados por personas que los vivieron en primera persona, uno de ellos fue un intento de construcción de un hospital en Somalia, donde los jefes locales exigían una contribución monetaria notable, para permitir llevar a cabo el proyecto, a la vez de proporcionar los escoltas necesarios, bajo la amenaza de negar los permisos. Ambas partes sabían que de no aceptar el chantaje y pagar lo solicitado el proyecto no podría llevarse a cabo y los presupuestos deberían ser devueltos, con lo que en próximos años esa vía se cerraría… la ONG cedió. Otro curioso proyecto consistió en pagar a un terrateniente local para que manumitiera a decenas de familias que vivían históricamente en sus tierras, ¿Cómo esclavos?, quizás, no cobraban por su trabajo pero tenían vivienda y alimentación, todo un lujo en África. Tras alcanzar su libertad, quedaron en la calle, sin nada, sin casa ni comida… a los pocos días suplicaban al patrón la posibilidad de recuperar la situación anterior. Finalmente podríamos comentar lo ocurrido en los campos de refugiados en Bukavu (Congo) tras la guerra de Ruanda, donde al más de millón de personas allí refugiadas se les proveía de alimentación, abrigo y sanidad, infinitamente más de los que habían tenido nunca y podían aspirar a tener… pero esa ayuda no se podía mantener indefinidamente, el campo había que cerrarlo, finalmente y ante el riesgo de que mantuvieran como rehenes a los cooperantes, estos se vieron en la obligación de huir.
He visto como la ayuda enviada a Kenia para paliar hambrunas inundaba de cereal el país y llevaba a la ruina a los granjeros locales incapaces de colocar sus productos en mercados saturados por esa ayuda humanitaria
Muchos países han incrementado los precios de forma exponencial ante la llegada de decenas de Ong’s que pagan lo que haga falta por apartamentos y coches de alquiler que demandan los cooperantes, para llevar a cabo sus mandatos, sin reparar en los costos.
Todas estas reticencias se han visto incrementadas al ver la evolución de Haití tras el terremoto. Reunión de países donantes, peticiones de dinero por parte de absolutamente todas las ong’s del planeta… y un año después ¿que nos encontramos? , en palabras de un cooperante: parece que el terremoto fue ayer. ¿Cómo es posible que el mundo entero movilizado no haya sido capaz de arreglar nada?, ¿que la mayor potencia del mundo, capaz de destruir, como bien ha demostrado, países enteros, no sea capaz de restaurar las infraestructuras de uno de los países más pobres del mundo? ¿Nadie va a pedir cuentas a tantas y tantas ong’s de cómo se ha empleado el dinero que han recibido? Algo tan básico de combatir, y tan previsible de que ocurriera, como el cólera no ha evitado la muerte a más de tres mil personas.
No hacer nada no es la solución, pero la proliferación de organizaciones (que operan descordinadamente, a veces más preocupadas por su protagonismo que por aportar su parte de soluciones al problema), y el derroche que esto implica, la falta de realismo de muchos proyectos realizados en despachos del primer mundo muy alejados de la realidad, y la falta de auténticos profesionales que sepan lidiar con la realidad del tercer mundo, no permiten augurar nada bueno o al menos eficaz y lo que sucede en Haití creo que lo resume todo.

JAM